El año es 1994 y hay una pareja casada cubana, Juan y Marga, sentado alrededor una mesa, charlando sobre las noticias. Los dos tienen expresiones apenadas y enojadas en sus caras, y la tema de su discusión es la reciente ola de balseros saliendo Cuba por los Estados Unidos.

—¡Pero tenemos que preparar nuestra balsa ahora!—gritó Juan.—Tu has oído las noticias. Va a ser más difícil ahora por balseros a entrar a los Estados Unidos.
—Yo entiendo, pero es demasiado peligroso Juan. ¿Y que pasará con nuestro bebe?—preguntó Marga.—Ella solamente tiene cuatro años. Es ridículo que pienses que ella puede sobrevivir a la viaje. Es final, no vamos a hacerlo.
—Escucha Marga—dijo Juan con enfado en su voz—si nos quedaríamos aquí por más que una semana nunca saldremos. Será imposible con las negociaciones entre los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos. El tiempo para salir está aquí.
— La bebe y yo no podemos salir. Si nos amaras, no saldrás. Además no tenemos los materiales por un balsa. ¿Sabes como difícil es a encontrar cámaras de aire?
—Por supuesto.—dijo Juan categóricamente.—Pero cada persona antes de nosotros encontrado todas cosas por la viaje, y las encontraremos también.
—Espero que estés seguro Juan, porque conocemos dos personas quien murieron durante sus viajes.—añadió Marga.—Todavía, incluso si estás seguro, no quiero poner mi vida en tus manos. ¡No sabes algo sobre la mar!
—¡No es la verdad!—respondió Juan.—Cuando tenía dieciséis años mi tío Tito me enseñó como navegar. ¡Recuerdo algo!
—Si dices puedes recordar, pienso que es la verdad.—dijo Marga poca segura.—Pero, debemos obtener por los menos cinco cámaras de aire y bastante comida por la viaje.
—Yo sabía que verías mi punto de vista—dijo Juan con una sonrisa.